Capítulo 91. Depredador.
La mansión Lancer se había convertido en el epicentro de una fiesta muy distinguida en la que solamente podían entrar las personas más significativas del país.
Había que ser alguien muy importante para poder estar presente y mezclado con la élite de millonarios que se dieron cita esa noche.
—Buenas noches, señora canciller—, dijo Ibáñez que era el encargado de recibir a todos en la entrada principal de la mansión.
Todos los invitados debían dar la vuelta con sus relucientes limusinas en la fu