Capítulo 51. Contrato firmado
Las chicas que estaban sobre la mesa comenzaron a gritar con los disparos y salieron corriendo de la oficina de Félix semidesnudas y con su ropa en las manos.
Haiko Torishima tenía su rostro aplastado contra el cristal de la mesa debido a la presión que Urdaneta ejercía sobre su cabeza con esa pistola.
Haiko podía sentir el metal que aún seguía caliente por los disparos que acababan de quitarle la vida a sus abogados.
—Se acaba el tiempo—, dijo Félix, mientras hacía una señal a Urdaneta con