Capítulo 48. Pesadilla hecha realidad.
Ximena había disfrutado mucho la segunda noche en la iglesia sabiendo que sería la última. Esa mañana partiría rumbo a otro país acompañada de su mejor amiga Gertrudis y nunca más tendría que preocuparse por Félix Lancer ni por nadie.
No podía dejar de ver la ventana esperando el momento en el que amaneciera y fuera la hora de abordar el tren.
Cuando un estruendo ensordecedor la hizo caer de la cama. Eran disparos y explosiones cerca de la entrada principal de la iglesia.
—¡Samuel!—, gritó X