21. La llamada inconclusa
El aire de la mañana en Suiza aún era frío, pero el sol empezaba a atravesar los grandes ventanales del pequeño estudio de Emma. Afuera, la extensión de nieve comenzaba a derretirse, dejando destellos de agua que reflejaban una luz suave sobre las paredes blancas. Emma estaba sentada en una silla de ratán, con un suéter gris y una taza de té caliente entre las manos. Su mirada permanecía fija en el teléfono sobre la mesa.
Hacía casi dos días que intentaba comunicarse con James, pero no había re