Estaba aterrada cuando di el primer bocado.
No era que no confiara en Vincent. Confiaba en él con mi vida. Pero una pequeña voz persistente en el fondo de mi mente susurraba: ¿y si un cocinero cometió un error? ¿Y si el veneno realmente vino de esta cocina?
Si era así, el mundo de Vincent no solo se sacudiría… se destruiría.
Recé con cada bocado para estar equivocada. No tenía otra opción.
Terminé la porción, y cada segundo se sentía como un minuto mientras esperaba. Me senté en el silencio de l