La carta que Luca había recibido esa tarde resultó ser una solicitud formal de reunión privada, enviada directamente por Maximilien Sauveterre, presidente absoluto del consorcio inversor que respaldaba financieramente al Grupo Lefèvre, una figura considerablemente más poderosa e influyente que el propio Étienne Rousseau, cuya autoridad final sobre cualquier decisión estratégica importante superaba completamente la de cualquier director ejecutivo individual dentro de esa compleja estructura corp