Luca regresó a la mansión esa noche con un peso en el pecho que apenas lograba disimular, a pesar de sus esfuerzos evidentes por mantener una apariencia de normalidad frente a Emma. Cenaron juntos con una conversación considerablemente más silenciosa de lo habitual, y Emma, que había aprendido a conocer profundamente cada matiz en la expresión de Luca durante esos meses de convivencia tan intensa, notó de inmediato que algo lo perturbaba considerablemente.
—¿Qué pasó en tu reunión de hoy? —preg