Mundo ficciónIniciar sesiónCamila es una joven de veinticinco años que ah sufrido mucho desde la muerte de su madre, el dolor de la perdida hace mella en ella haciéndola desear la muerte, pero todo eso parece cambiar cuando un hermoso hombre se mete entre sus sábanas y la hace dudar de su propia existencia. Él podría ser su salvación si decide quedarse. El tiempo sí pasa señores, y no pasan en balde.
Leer másNuevamente el calor empezó a subir y la sabana que los cobijaban a empezó a estorbar, Camila se frotó contra su erección, cuando lo escucho gemir sonrió contra su boca.Ella se alejó para apreciar la vista, acarició su pecho y bajó hasta su abdomen marcado. —Te ves tan exquisita desnuda... — Sus pechos al aire parecían dos melones maduros y grandes, los amaso con sus manos, firmes y redondos, los pezones se pusieron duros bajo su toque. —Quiero meterlos a mi boca. Ronroneo con una voz seductora y viril. La respiración de Damián estaba agitada, se imaginaba juntado los pechos de Camila y succionar los pezones juntos, sintió que su amigo se ponía más duro haya abajo, levantó las caderas para que ella lo sintiera, quería estar en su interior, hacerla gritar de placer; Camila disfrutaba de la impaciencia del muchacho, sonrió lasciva y agarro las manos de él con las suyas, empezando mover sus senos de arriba hacia abajo, mientras ella movía las caderas contra su pene para conseguir una
A Damián se le hizo piedra el corazón apenas escucho el sollozo de su mujer, se dio la vuelta y aunque llovía sobre ellos, las lágrimas de ella no pasaban desapercibidas, no podía irse aunque su orgullo o su reputación dependiera de eso, sus piernas se movieron solas, corriendo hacia ella, sus brazos rápidamente la rodearon, un cuerpo tan pequeño, indefenso y temblosos; la abrazo fuerte, tratando de pegar alguna parte que estuviera rota, ella volvió a sostenerlo pero esta vez agarró un puño de su camisa mojada. — Por favor...vamos adentro. — Susurro acurrucada en su pecho. Él la levanto entre sus brazos como una princesa, besándole la frente, protegiéndola del clima. Suspiro agradecida del buen corazón de Damián, se sentía como una vil mentirosa, uso la última arma: las lágrimas; desgraciadamente solo puede usarse tres veces, más de tres dejan de perder efecto. Escurriendo agua lo llevó a su habitación, donde la dejo ponerse en pie con suavidad, sosteniéndola con cuidado. Una vez
Afuera la lluvia aumentó su fuerza, dejándose caer contra la tierra en un vago intento de inundarla, los rayos sonaban uno detrás de otro prometiendo destruir todo a su paso, pero eso no era nada comparado con la tormenta que se desato en su interior; Camila miró la devoción en Damián, aquellos ojos sinceros hicieron mella en su pecho llegando a estremecer cada fibra de su cuerpo, la sinceridad en cada una de sus palabras era latente como un ser vivo, tan tangible que podía tomarla entre sus dedos, sería tan fácil cerrar los ojos a su amargo dolor y dejarse subir a las nubes con aquella maravillosa promesa de un amor profundo.Tan sencillo como respirar, tan doloroso hacerlo, la agonía dentro de su ser se resistió a la esperanza de aquellas sublimes palabras, la tristeza la abrazo por la espalda, aferrándose a ella con sus filosas garras que se clavaban en su piel, le susurró al oído la posibilidad de caer en una trampa tan cruel como el amor, aquel monstro le dijo lo egoísta que ser
El sonido de un auto deteniéndose en la entrada la hizo mirar por la ventana, luego escucho el claxon. Sorprendida de ver a Damián abrirse paso entre la lluvia con un paraguas negro y una bolsa en sus manos se quedó inmóvil mirando la escena por mucho tiempo. Con el cielo cayendo a cantaros no esperaba verlo tal cual habían prometido, asumió que simplemente no vendría; su celular empezó a brillar con un número desconocido, eso la trajo a la realidad, haciéndola correr a la entrada, con las manos temblorosas y la sorpresa marcada en el rostro. Cuando abrió la puerta el hombre entró en una ventisca cálida y mojada, como si amaneciera dentro de su oscuridad, respiro la esencia masculina que le calentó hasta las uñas de los pies. Vestía vaqueros azules, aparentemente nuevos por el color brillante, una camisa manga larga negra con estampado dorado en los hombros, usaba un sombrero negro y botas oscuras de piel. Parecía sacado de alguna feria ganadera, lucía masculino y guapo, con esa
Último capítulo