8. Capítulo: "Malditos Zafiros"
Desperté en una habitación desconocida, en una cama ajena, entre sábanas impregnadas de un perfume masculino, el cual invadió mi túnel nasal, lo reconocí, pero no quise creerme presa de un realidad lejana a un sueño al que, estúpidamente, me agarré.
Ese perfume… ¡No! No podía ser él.
Sentí la necesidad de pellizcar mi carne, no pasó nada, no desperté, definitivamente no estaba teniendo una pesadilla.
Un abanico de temerosas posibilidades se presentaron de forma abrupta. No recordaba nada de a