64. La Pequeña Sobrina del Millonario
Su lengua experta bregó deliciosamente en ese botoncito por unos minutos. Encogió los dedos de los pies, tensa, al experimentar una vorágine de placer. Trepidó de la cabeza a los pies; él se bebió lo prohibido, volviendo al ataque de sus labios rosados.
Resbaló en su interior con facilidad, dando la primera embestida, luego aumentó el ritmo sin guardarse el deseo de sentirla hasta el fondo.
Enjaulados en la gloria de sentirse vivos, aun cuando se consumían, no se contuvieron a nada. Sus caderas