63. La Pequeña Sobrina del Millonario
Mariané lo observó, taciturna, no sabía que decir, verlo ahí la impactó, le secó la garganta y enmudeció su capacidad del habla. Le costaba creer que su imponente presencia, no solo era parte de su encadenamiento al antaño.
El tiempo no transcurrió en vano; lucía más guapo, enfundado en un costoso traje oscuro, el cabello ébano prolijo elegante. Le aturdió en demasía, con desafuero contundente.
—Mírate, estás hermosa. Necesitaba tanto verte. —declaró dándole una repasada, quedándose al final co