59. La Pequeña Sobrina del Millonario
La pregunta hizo que a Marlene le brillaran los ojos. Esos orbes grisáceos vivaces y traviesos.
—Pues si me saco un buen partido… —se encogió de hombros. —lo haré.
La habitación quedó en silencio. Mariané, un poco incómoda con el asunto, decidió distraerse buscando en el armario su vestido. Tardó bastante hurgando entre las perchas, ella no tenía nada que perder, eso le avergonzaba. Había vivido más de lo que todas ellas en su vida, cosas inimaginables de las que se sentía apenada. La profunda