41. La Pequeña Sobrina del Millonario
Esperanza
Mariané permaneció detrás del cristal, en su interior había un invierno desapacible que le congelaba las entrañas. El frío crudo y despiadado le calaba el corazón, dejó de ver el panorama otoñal dirigiéndose a pasos vacilantes y se aovilló en la otomana perdiendo la vista en la flama ardiente de la chimenea. Los labios le temblaron, sobresaliendo el inferior y se agitó en el llanto silencioso.
No se inmutó con la llegada de Ismaíl. Lo sintió inclinarse, no se movió. Él le acarició el