36. La Pequeña Sobrina del Millonario
Su confesión, que no creyó del todo, la dejó muda. ¿En serio prefería estar con ella, que las diversiones estrepitosas? Quizás se había cansado de meter a la cama a muchas, el estómago se le retorció de solo imaginarlo.
—Pero tuviste muchos amoríos, ¿a todas las trajiste aquí? —averiguó a sabiendas de que sí.
—No, puedes sentirte otra vez orgullosa porque eres la primera que duerme en mi cama. —susurró con la expresión neutra.
Sin embargo ella no podía creer lo que le estaba diciendo.
—Dicen q