37. La Pequeña Sobrina del Millonario
»Con solo mirarnos llamaradas chispean entre nosotros. Me siento una bengala a su lado, exploto, perdiendo el control por un beso de sus labios, por el anhelo adictivo de perderme entre las cumbres de su cuerpo».
Destrozados
Las paredes la apretaban imperiosamente. El llanto que la atrapaba era apabullante y la sacudía feroz; se hizo ovillo admirando en sus manos la ecografía. ¿Habría imaginado algo así? No, ella nunca reflexionó en su futuro, pero menos pasó por su cabeza estar envuelta en una