20. La Pequeña Sobrina del Millonario
Por otro lado, Ismaíl no encontraba la manera de direccionar sus pensamientos hacia la junta. Escuchó atento al señor Donovan, pero no pasó mucho para volver a pensarla. Todo torno a Mariané empezaba a volverse abstruso. En medio de la retahíla de palabras, su imagen se proyectó; cálida y serena, dulce y hermosa, con su abundante cabello rojo cayendo en ondas. Ella una obra de arte pintada con sutileza etérea, perfecta.
—¿Alguna objeción? —preguntó mirando a los presentes.
Ninguno levantó la man