19. La Pequeña Sobrina del Millonario
»La amo con ansias, locura y ardor, no soy capaz de admitirlo; con solo mirarla se da cuenta de que me trae loco, fantaseando con su boca rosada atada a la mía y su cadera al vaivén de un ritmo caliente en el que nuestros cuerpos se acoplan a la perfección».
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Se tumbó en la silla giratoria, palpando que la soledad resultaba agobiante. Se quejó de la rigidez en el cuello, temía que fuera la m*****a migraña.
Se frotó la sien clavando la vista en el mini bar. No podía beber, lo sabía, aún así lo