17. La Pequeña Sobrina del Millonario
A la mañana siguiente, la luz del alba se enredaba en su rojizo. Su rostro lucía angelical recibiendo el cálido sol de la mañana iluminando sus mejillas pecosas, también se resbalaba por esas largas y tupidas pestañas cubriendo sus ojos caramelos. Jamás pensó tenerla así, en su cama. Completamente desnuda. Mariané, se movió quedando boca arriba, uno de sus senos se libró de la sábana. Le picaron los dedos por ir a tocarlo. Se contuvo; tuvo la dicha de hacerlo anoche.
Dejó de verla, volvió al ve