Nyla sintió que la gran mano alrededor de su cintura era firme y poderosa. El calor del cuerpo aquel hombre se transmitía a través de la fina tela de su camisa, y su rostro se sonrojó de inmediato. La posición en la que estaban era demasiado íntima. Incluso podía percibir el tenue aroma de la colonia de Damon.
—Gracias, señor Damon. —Nyla recuperó rápidamente el equilibrio, sin atreverse a mirarlo directamente a los ojos.
Damon retiró la mano con naturalidad, como si aquel contacto hubiera sid