Sin embargo, Damon no tenía intenciones de seguir dándole vueltas al asunto, así que, como simple asistente, Spencer no tenía derecho a opinar.
Nyla miró de reojo a la joven que estaba de pie junto a Spencer. Tenía cara de niña, el cabello a la altura de los hombros y unos ojos que se achicaban como lunas crecientes al sonreír, lo que le daba un aspecto sumamente tierno.
—Señorita Jayston, mi nombre es Melody Sorley. Me acabo de graduar de la universidad. Es un placer conocerla —se presentó.