—Cómete el desayuno. —El tono de Clark era frío, pues se encontraba evidentemente molesto por la indiferencia de Nyla.
Nyla respondió:
—No tengo hambre en este momento. Comeré más tarde. Deberías regresar a trabajar.
La rabia de Clark, que había estado conteniendo desde antes, finalmente estalló. La miró con frialdad y su voz se tiñó de acusación.
—¿De verdad no tienes hambre, o simplemente se te quita el apetito cuando me ves?
Nyla frunció el ceño.
—Eso no es lo que quise decir.
—Eso es