Mundo ficciónIniciar sesiónMientras ordenaba mi ropa, había llamado a un taxi, así que no tardó mucho en llegar, por ahora me quedaría en un hotel, tenía algo de ahorros, si algo no me podía quejar de Alexander era lo generoso que era, mes con mes me daba bastante dinero, al inicio lo usaba para cosas de la casa, pero él nunca estaba y todo se desperdiciaba, luego descubrí que podía pedir cosas con su tarjeta y guardé todo ese dinero, estaba en una cuenta aparte, quizás si había mentido al decir que no me quedaría con nada suyo, pero ese dinero no era algo que extrañaría.
Quería comprar una casa pequeña y modesta, en un barrio bonito, donde todos los vecinos se conocieran y fueran como una familia.
Bajo del taxi tras pagar, camino hacia la recepción y elijo una habitación para unos tres días, en ese momento debería buscar un lugar en alquiler o una casa.
- Que pase una buena estancia ‒le sonrío a la amable recepcionista, camino al elevador y presiono para llamar, por suerte estaba cerca, así pronto pude llegar a mi habitación.
El hotel era sencillo y económico, que tuviera dinero no significaba que debía malgastar, ya no tenía la tarjeta de Alexander para eso.
Mañana le llevaría los papeles al abogado y él se encargaría del resto. Saco mi teléfono para avisarle, aprovecho para bloquear el número de la señora Langley, no tenía paciencia para escuchar su discurso sobre lo que acaba de hacer, sabía que pronto esto se regaría como pólvora, pero no me importaba.
Lo siguiente es buscar un trabajo, debido a que me casé después de graduarme del instituto y siguiendo la norma de la alta sociedad, pues me quede en casa, eso era algo que no podía pelear o me iría muy mal, así que dejé de lado mis sueños.
Poco después encontré uno en un casino, no era mucha la paga pero por algo debía iniciar, debía presentarme mañana a medio día para la entrevista, esperaba que mi falta de experiencia no complicara esto, de verdad necesitaba este trabajo.
Ahora, debía buscar una casa, había descartado mansiones y casas en residenciales de lujo, eran bonitas las propiedades pero estaba harta de esas jaulas de oro.
Mi corazón se detiene al ver una casa en específico, justo estaba en un barrio bonito, era pequeña y hogareña, así que sin pensarlo dos veces me comunique con la empresa que lo vendía, el hombre que me atendió fue muy amable y se ofreció a mostrarme la casa, le había dicho que no era necesario, la conocía muy bien y la compraría por encima del precio que pedían, si los tíos la estaban vendiendo era porque necesitaban el dinero, así que se los daría.
- ¿Puedo pasar mañana a las dos a su oficina? ‒tenía miedo que se la vendiera a alguien más, así que debía darme prisa.
- Claro que sí señorita, estaré esperándola con gusto ‒tras unas cortesías más, nos despedimos, no podía creer mi suerte, ¿acaso la vida me estaba compensando un poco por todo lo que pasé? Esperaba que todo fuese así de bien por el resto de mi vida, lástima que no todo sería bueno.







