Mundo ficciónIniciar sesiónLa entrevista había ido sin problema y gracias al cielo me había quedado, la dueña era una mujer muy amable que entendía por lo que estaba pasando ya que también era una mujer divorciada. Esa misma noche comencé a trabajar, una de las chicas me explicó con calma todo lo que haría, a veces serviría abajo, otras veces en los reservados y las habitaciones, solían usarse para reuniones de negocio, en su mayoría.
Lo de la casa había ido igual de bien, había comenzado con el proceso y en cuánto me dijeran, transferiría el dinero.
Ese mismo día entregue los papeles del divorcio a mi abogado, le sorprendía que después de todo no peleara nada, pero no me importaba. Tras salir de ahí encontré un lugar pequeño para rentar en lo que me daban mi casita.
Y así transcurrió medio mes, la señora Langley había intentado ponerse en contacto conmigo pero nunca le respondí, incluso me daban ganas de cambiar mi tarjeta sim para evitar que siguiera llamando, pero me daba mucha flojera cambiar después de tantos años.
Estaba en mi descanso de quince minutos cuando los vi entrar, Claire se colgaba del brazo de Alexander, genial, justo lo que necesitaba. Con la vista vi para donde se dirigían y suspire de alivio al ver la zona a la que iban, por suerte no me tocaba atender esa parte.
Una vez que termina mi turno regreso a mi lugar.
- Willow, llegó una sala, fui a darles la bienvenida y la carta, será mejor que vayas ‒asiento, tomo las comandas y me dirijo al número que Emma me indicó, llamo a la puerta y cuando me dan permiso entro.
- Buenas noches, soy Willow y seré su mesera esta noche ‒digo con una sonrisa y tono profesional, una que se congela cuando lo veo, mi cuerpo se pone rígido al instante y siento que el aire se me atora en los pulmones, esto no podía estar pasando.
- Señorita Willow, como siempre nos atiende tan bien y es muy profesional, decidí hacer esta reunión importante aquí, así que cuento con usted ‒tomo una respiración y me obligo a calmarme. Evito mirar a nadie a los ojos.
- Claro que sí señor Gómez, cuente con ello ‒digo lo más profesional que puedo, estaba trabajando, debía calmarme‒. ¿Ya saben que van a ordenar? ‒me obligo a sonreír, miraba mi pluma y el pequeño cuaderno, eso me servía de distracción. Uno a uno comienza a pedir, cuando escucho su voz siento que mi corazón se dispara, habían pasado siete años desde la última vez que lo escuche, ahora era un poco más grave, pero seguía teniendo el mismo efecto en mí‒. Enseguida traigo sus bebidas ‒de reojo los veo asentir, podía sentir su mirada sobre mí, así que me apresuré a salir de ahí como si mi vida dependiera de ello.
- ¿Qué te pasa Willow? Parece que hubieses visto un fantasma ‒me pregunta Roger, el barman; una vez que llegó a la barra.
- Casi, necesito estas bebidas ‒le paso la hoja con mano temblorosa.
- Recuerda que debes meter eso en el sistema ‒me mira preocupado, asiento, debía calmarme o acabaría sin empleo pronto.
Introduzco las órdenes en el sistema, por el momento era la única sala que tenía, lo que me daba mucho tiempo para pensar, ¿por qué había vuelto?, ¿hace cuánto está aquí?
- Hola, disculpa, voy a la sala veinte pero creo que me perdí ‒me giro ante la voz de una chica, era muy bonita.
- ¿Vas a la reunión del señor Gómez? ‒la chica asiente feliz.
- Sí, mi novio me está esperando, estaba grabando y se me hizo tarde ‒así que era actriz o algo así.
- Con gusto te llevó, soy Willow y soy la mesera encargada de esa sala, ¿desea ordenar algo aprovechando que estoy haciendo el pedido de ahí? ‒ella niega sonriendo.
- Sólo agua, no tomo alcohol ni nada de azúcar ‒dice suave, era muy linda.
- Claro que sí, vamos ‒de todos modos Roger tardaría un poco en preparar todo.
La miro de reojo mientras caminamos, ¿de quién sería novia? Había estado tan nerviosa que no vi a nadie en la sala, así que no podría adivinar.
- Muchas gracias ‒me sonríe una vez la dejo frente a la puerta.
- Un placer, ahora vuelvo con sus bebidas ‒ella asiente antes de entrar, me giro para volver donde Roger, el cual ya tenía las bebidas listas. Con cuidado las acomodo en la charola, la cargo con cuidado y comienzo a caminar lento, por suerte el elevador hacía mucho más fácil todo.
Llamo a la puerta con el pie, gracias al cielo alguien abre la puerta y entro, dejo la charola en la mesa y comienzo a repartir las bebidas, entonces noto que la chica está a un lado de él, se abrazaba a su brazo feliz, no pude evitar que se me formara un nudo en la garganta y que las lágrimas amenazaran con salir, había tenido la esperanza de que él jamás hubiese estado con alguien más, era muy egoísta de mi parte pero no podía evitar soñar, ¿de verdad esperaba que algo así no pasara? Quería reírme por mis estúpidas ilusiones, sentía como si me hubiese traicionado cuando en realidad, él era libre de seguir con su vida.
- Gracias Willow ‒dice suave, lo peor de todo es que ella parecía ser una buena persona, y él se merecía ser feliz.
- Un gusto señorita, cuando deseen ordenar algo de comer, no duden en llamarme ‒señalo el botón en la pared, el señor Gómez asiente. Me apresuro a salir y una vez fuera me sostuve el pecho sintiendo que el nudo en mi garganta por fin explotaba en silenciosas lágrimas que caían por mis mejillas sin poder evitarlo, era tan doloroso como la primera vez que lo perdí, y lo peor era que no podía hacer nada salvo desearle lo mejor, después de todo, Vincent Aldridge fue y siempre será, el amor de mi vida.







