IV

Cuando desperté pasaban de las tres de la tarde, lo primero que hice fue correr al baño, sentía que mi vejiga explotaría en cualquier momento. Lo siguiente fue bañarme y salir a comer algo porque moría de hambre, el día era soleado y parecía reflejar un poco de mi estado de ánimo.

Me había apresurado a ir al puesto de brochetas deliciosas, recuerdo que mi madre nos llevaba ahí a final de mes, la mujer siempre nos ponía un extra cuando las llevábamos a casa, o le cobraba meno si comíamos ahí.

- ¿Willow? Chica, cuanto tiempo sin verte ‒miro con sorpresa a la mujer, no pensé que me reconociera.

- Hola señora Jones, ¿cómo supo que era yo? ‒se había acercado para abrazarme.

- Eres igualita que tu mamá, así que supuse debías ser tú ‒se separa y vuelve a su lugar, me siento y no puedo evitar sonreír, era como volver a mi infancia.

- Gracias, ¿le encargo unas cuatro brochetas? Las suyas siempre han sido las mejores ‒y eso era verdad.

- Claro que sí, ahorita te las pongo ‒ella toma algunas del asador y las coloca en un plato antes de pasármelas, tomo una y tras soplar le doy un mordisco, cierro los ojos al sentir el sabor familiar, siento que las lágrimas también caen.

- No sabe cuánto extrañé esto, es la gloria ‒no sólo lloraba por los recuerdos de mi infancia, sino por todo lo que había perdido durante este tiempo.

- Aquí seguiré hasta que Dios quiera Willow, así que ven cuando quieras ‒asiento, una vez libre y estable, vendría seguido.

Sin ser consciente me había comido cerca de diez, la señor a Jones insistió en que me llevará unas cuantas sin cobrármelas, me dijo que eran una forma de darme la bienvenida.

Al llegar al hotel ya era de noche otra vez, me sentía relajada y tranquila, mañana por la mañana volvería a la ciudad, pasaría con el abogado e iría a ese lugar al que llamaban hogar, recogería mis cosas y si estaba Alexander, pondría los papeles en sus manos, sino, los dejaría en su despacho.

Tomo mi celular, lo había dejado aquí porque deseaba estar tranquila, pero ahora debía reservar mi boleto, fue entonces que vi muchas llamadas de Alexander así como mensajes, notas de voz y mensajes en el buzón de voz, decido ignorar todo y centrarme en mi tarea inicial, mientras hacia la compra Alexander llamó de nuevo y por accidente respondí, me trago mi malestar y digo un frío: bueno.

- ¿Dónde demonios estás?, ¿piensas que puedes irte por ahí como si nada? Vuelve de inmediato o te irá muy mal, ¿acaso quieres que me divorcie de ti? ‒ruedo los ojos.

- Vuelvo mañana, qué bueno que tocas ese tema, porque si quiero divorciarme de ti ‒podía imaginarme su expresión en este momento, seguro no se esperaba esta respuesta, después de todo, siempre le había rogado porque no lo hiciera.

- Deja de bromear ni decir estupideces, sabes que si te divorcias de mí no vas a recibir nada, y eso incluye a nuestro hijo ‒ahí estaba, de nuevo amenazando.

- De todos modos Ethan no querría irse conmigo, así que la custodia es tuya y créeme, no me interesa nada tuyo ‒tenía suficientes ahorros.

- Vuelve ahora mismo o de verdad me voy a divorciar de ti ‒cada vez alzaba más la voz, señal que estaba molesto debido a mi rebeldía.

- Espero que seas un hombre y cumplas tu palabra ‒lo conocía tan bien, sabía dónde golpear.

- No te arrepientas luego y vengas a mi llorando ‒sin más se apresura a colgar, suspiro.

Sonrío al tener mi boleto listo, mañana me comería las deliciosas brochetas, hoy ya me sentía llena. Me dejo caer en la cama y tan pronto como mi cabeza toca la almohada, me quedo dormida.

Por suerte había puesto una alarma así que no llegué tarde, aborde el tren sintiendo que venir aquí me devolvió un poco la vida, el viaje sería largo pero esta vez había comprado un vagón con cama, así podría dormir en caso de que me diera sueño, o sólo acostarme a holgazanear.

Mientras estaba acostada, recordé el último momento que pasé junto a mi hermano Lucas, Habíamos estado hablando sobre los planes a futuro tanto suyos como míos, sin duda nuestros sueños nos llevarían lejos de esta horrible familia. Mi hermano había sonreído pensando en qué clase de tío sería.

- Voy a llevarlos por su primera cerveza, también a su primer tatuaje, les daré un gran billete como si les diera droga, me amaran ‒había reído ante aquello‒. Pero sobre todo, serán tan felices que jamás dudaran de que vinieron a este mundo para ser amados.

Había llorado, nosotros también fuimos amados, pero la vida nos había arrancado de los brazos de nuestra madre dándonos una vida infeliz.

Cuando el tren se detuvo por última vez supe que había llegado, con desgana me apresuro a tender la cama y guardarla, tomo mi pequeña maleta y salgo del tren, al llegar a la puerta el taxi que había pedido ya me esperaba, él me llevaría al bufete y de ahí a mi casa.

Al llegar al lugar bajo y me dirijo a recepción donde doy mi nombre y la razón de venir, la mujer me anuncia antes de dejarme pasar.

Saludo al abogado que debe estar cerca de los cuarenta, más o menos.

- Señora Redmond, ¿está segura de esto? Todavía podemos hacer cambios ‒niego, no quería nada de ellos salvo mi libertad.

- Le agradezco, pero no es necesario, gracias por todo, en cuanto los firme se los haré llegar para que continue con el proceso ‒él asiente antes de estrechar mi mano.

Salgo de ahí con paso firme, subo de nuevo al taxi, ¿debería pedirle que me espere? Debía guardar todo en una maleta y si me llevaría tiempo, supongo que tendría que pedir otro.

Al llegar a la mansión bajo tras pagarle, camino hacia la casa y nada más abrir la puerta escucho el llanto de Claire, suspiro, esto sería malo.

- Seguro es por lo de la fiesta, ella debió odiarme mucho por eso ‒me acerco con paso firme y sin expresión en mi rostro.

- ¿Cómo te atreves a colgarme y después bloquearme? ‒Alexander se acerca a mí en grandes zancadas en cuanto me ve, su mano impacta contra mi mejilla en una sonora cachetada, fue tan fuerte que me envió hacia atrás y por poco me caigo, gracias al cielo había logrado mantener el equilibrio‒. Además, ¿cómo te atreves a difamar a Claire en internet? Pídele una disculpa o ‒antes de que pueda terminar su frase me giro y con toda la fuerza que puedo reunir, le devuelvo la bofetada.

- Me importa una m****a Claire, tú y este estúpido teatro, en tu vida vuelvas a ponerme una mano encima ‒su cara de desconcierto era tan graciosa, pero no era momento de reírme.

- ¿Estás loca? Eres una mujer tan irracional, debería divorciarme de ti ‒podía ver en sus ojos que esperaba que eso me asustara, me arrodillara y pidiera perdón.

- Perfecto, aquí tengo los papeles del divorcio, fírmalos y cada quién por su lado ‒su cara de sorpresa al ver las hojas no tuvo precio‒, y no te preocupes, no estoy peleando por nada tuyo.

- No te vas a quedar con Ethan, estás loca si crees ‒alzo la mano para detener su diatriba.

- Cuando digo que no estoy peleando por nada de lo tuyo, también me refiero a Ethan, no me interesa, si necesitas que pague pensión alimenticia, lo haré, pero renunció a todos mis derechos parentales ‒el silencio de la habitación se volvió incómodo de repente.

- Como si pudieras ‒lo veo comenzar a leer y al terminar alza la vista confundido.

- Te dije, no quiero nada, fírmalo y acabemos con esto ‒le extiendo una pluma.

- Sí papá, hazlo, yo quiero que Claire sea mi nueva mamá ‒miro a Alexander, él parecía dudar, muerdo mi labio y entonces pienso en algo.

- Supongo que la gente seguirá hablando de la amante del señor Redmond y como su esposa lo dejó por eso, que escándalo ‒había algo que él valoraba mucho, incluso más que Claire, su reputación.

- No te atrevas ‒me apunta con su dedo, saco mi teléfono y le muestro unas cuantas fotos que, sacadas de contexto, podrían arruinarlo.

- Firma o atente a las consecuencias ‒le sonrío con suficiencia, sin duda lo tenía entre la espada y la pared.

- No te arrepientas después ni vengas llorando ‒con furia me quita la pluma y estampa su firma con fuerza.

- No pasará, créeme ‒estaba segura que no me creía, seguro pensaba que era alguna especie de truco, pero no volvería jamás‒. Bueno, voy por mis cosas y hasta nunca ‒tomo las cosas y me dirijo a la planta superior para guardar todo lo que me pertenece, que no es mucho ya que apenas se llenó una pequeña maleta.

Dejo el anillo así como todas las joyas en la caja, me quedaría con un sencillo collar con una pluma, había sido un regalo de mi madre antes de morir, era la única joya que me pertenecía.

Bajo con mi pequeña maleta, Ethan estaba feliz hablando con Claire de cómo sería su vida, no me interesaba.

- Hermana Willow, no deberías ‒me apresuro hacia Claire para abofetearla, hace mucho que quería hacerlo.

- La basura se pertenece, que te aproveche esta escoria ‒sonrío con suficiencia, Alexander se acerca para proteger a su preciosa flor, me quejo bajo cuando siento que me golpean en la pierna, Ethan estaba furioso. Sin pensarlo dos veces, lo tomo del brazo y procedo a darle unas cuantas nalgadas‒. Eres un mocoso malcriado y grosero, igual a tu padre, gracias al cielo no tendré que verlos nunca más ‒suelto la mano de Ethan, me giro para tomar mi maleta antes de salir de ahí.

Una vez fuera inhalo largo y profundo, ¿así se sentía la libertad? Sin duda, era maravilloso.

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