POV de NINA
El silencio de las montañas era tan denso que casi podía escucharlo vibrar en mis oídos. En la alcazaba de Brahim, el tiempo parecía haber perdido su significado; no había relojes, ni señales de GPS, ni el zumbido constante de la ansiedad que me había perseguido desde Francia. Solo el aroma a lana vieja, a incienso de cedro y a la piel de José, que llenaba cada rincón de nuestra habitación de piedra.
Había bañado a Mateo y lo había dejado durmiendo sobre una montaña de cojines de se