POV de NINA
Había pasado una semana desde que llegamos a la casa del acantilado, y el tiempo en la Bretaña parecía haberse detenido en un ciclo eterno de niebla y salitre. Mi vida se había reducido a tres cosas: asegurar que Mateo se adaptara a su nueva libertad, organizar nuestra precaria despensa y, lo más difícil de todo, ignorar la presencia del hombre que vivía en el taller del jardín.
José, o Marc, como debía llamarlo ahora frente a los pocos pescadores que pasaban por el sendero, se nega