POV de JOSÉ
El sabor de la sangre en mi labio era el único recordatorio del impacto en la carretera, pero el dolor físico era insignificante comparado con la adrenalina que me quemaba las venas. Estaba de vuelta en mi despacho de la Torre Vargas, rodeado de cristal y acero, observando cómo el sol comenzaba a teñir de naranja el horizonte de Madrid.
Mis manos, que horas antes apretaban el volante del Bentley con una fuerza asesina, ahora sostenían un sobre de papel crema, sellado y pesado. Era m