Los dos hombres se dirigieron a la misma piscina en donde había comenzado el amorío entre padrino y ahijada. Allí, Víctor se sentó en uno de los kioscos que rodeaban la orilla y Darío lo emuló. Un lacayo les ofreció el almuerzo y ordenaron.
—Fue aquí en donde comenzaron su amorío, ¿no es así? —preguntó Víctor luego de que el empleado se hubiera marchado. Darío ya sospechaba que la elección del lugar había sido premeditada.
—Creí que íbamos a hablar sobre la manera en que mi empresa no iba a ve