Por Evelyn
A partir de ese día yo podía tener un horario de visitas más extendido y hasta se podía quedar alguien de noche, para hacerme compañía, en la habitación había un sillón que se hacía cama.
No era lo más cómodo, pero era mucho mejor que las sillas de la sala de espera, en donde se quedaban los primeros días.
Al quedarnos solos, Benicio se acercó y no dejó de besarme por un rato largo.
Lo sentía temblar, sus manos se metieron debajo de mi ropa.
Se le escapa un ronco gemido.
-No me puedo