El sol se filtraba a través del dosel de arriba, proyectando sombras moteadas en el suelo del bosque donde estábamos sentados. Me recosté contra la áspera corteza del árbol, observando el juego despreocupado de los trillizos desarrollarse ante nosotros. Sus risas se mezclaron con el susurro de las hojas, una sinfonía relajante para mis nervios tensos.
Amber se movía inquieta a mi lado, sus dedos retorcían un mechón de su cabello rubio fresa, un signo revelador de su ansiedad. —Estoy muy nervios