El olor a pino y tierra húmeda llenó mis fosas nasales mientras saltaba hacia el borde del bosque donde me esperaba la silueta familiar de papá. Las hojas de otoño crujieron bajo sus pies, anunciando su llegada con una melodía del bosque. Podía sentir su fragancia, a metros de distancia.
Mi corazón latía con el mismo ritmo, ansioso y alegre.—¡Papá! —Grité, mi voz mezclada con emoción.
Sus brazos se abrieron justo a tiempo para atraparme cuando salté al abrazo. La comodidad del hogar me envolvió