POV DE ISABELLA
Al parecer, Alexander no ha tenido suficiente porque baja las manos a mi sexo y, desde atrás, me mete despacio un dedo.
—Oh, sí. Mi dulce niña ya está lista —me dice dándome la vuelta para que lo mire. Su respiración se ha acelerado. Se mete el dedo en la boca—. Qué bien sabe, señorita Reyes.
Suspira. Madre mía, el dedo le debe de saber salado… a mí.
—Desnúdame —me ordena en voz baja, mirándome fijamente, con los ojos entreabiertos.
Estoy desconcertada. Nunca me ha pedido que l