Cuando Jade abrió los ojos, no podía creer lo que estaba viendo. Su esposo se encontraba frente a ella, sosteniendo entre sus dedos un mechón de su cabello. Se enderezó rápidamente en la cama, impactada por lo que estaba presenciando y no pudo evitar alejarse del tacto del hombre como si este le quemara.
Adriel, comprendiendo su rechazo, se separó de la cama y se apartó varios pasos para no incomodarla.
—¿Por qué estás aquí? —insistió la chica al ver que no explicaba la razón de su presencia