Cuando Natalia se separó del abrazo de Fabián, observó con asombro como la espalda de Roberto se alejaba.
El hombre caminaba a paso firme, sin detenerse siquiera a escuchar las palabras de su abogado, quien trataba de seguirlo y justificar su fracaso.
No pudo evitar fruncir el ceño al percatarse de que acababa de marcharse sin mediar palabra.
El Roberto que conocía no hubiera perdido la oportunidad de armar una escena y explotar en cólera delante de todos. Este, sin embargo, se acababa de ir