—Quiero que todo esté impecable para la cena —decía Orena, observando atentamente a los encargados de la preparación de la mesa.
«Nada podía salir mal», pensó la mujer, bastante entusiasmada con la idea de este compromiso.
Ya podía imaginar su nombre en el periódico cuando, en un futuro, fuera nombrada como la madre de la futura primera dama del país.
Sin duda, Ezra tenía un futuro prometedor en la política.
Y estaba segura de que rebasaría al de su predecesor.
Y este hombre se casaría con