—¡Explícame ahora mismo qué clase de locura es esta!
La revista se estrelló contra el escritorio de Fabián Arison al tiempo en que alzaba la vista para enfrentarse a su progenitora.
—Es un gusto para mí también verte, madre—habló con sarcasmo, mientras la mujer frente a él parecía estar a punto de echar fuego por la boca.
—¡Déjate de idioteces! —lo regañó, Orena Arison, con el ceño fruncido y con muchas arrugas enmarcando sus fracciones.
—¿Y ahora qué ocurrió? —preguntó el hombre cruzándose de