Mundo ficciónIniciar sesiónCuando el ascensor se detuvo, las puertas se abrieron en silencio.
Paula dio un paso afuera y se encontró en un pasillo amplio y luminoso.Gente trabajando, pantallas encendidas, voces bajas. Nadie parecía notar su presencia. Todos seguían con lo suyo.
La secretaria abrió la puerta de la sala de reuniones. Esa pecera vidriada, en el centro exacto del piso, entre las oficinas de los dueños de toda la empresa. Un lugar donde solo había reuniones claves con las personas más importantes del país. —Esperá acá. Paula se sentó. Quedó de frente a la oficina de Leo. Él estaba trabajando. Tres monitores encendidos, información moviéndose con fluidez. Era hermoso. Elegante. Seguro. Paula se dio cuenta de que lo estaba mirando demasiado. Incómoda, giró la cabeza. Y entonces lo vio. Michael estaba de pie, mirándola fijo. El impacto fue inmediato. Se le escapó un gemido involuntario. Se quedó quieta, con el corazón acelerado, sin entender qué le estaba pasando. Avergonzada, volvió a sentarse mirando sus manos. ¿Qué hago acá? El tiempo pareció eterno. Entonces un ruido la sobresaltó. El blackout comenzó a cerrarse lentamente, apagando el mundo exterior. Quedó sola. Cuando el blackout terminó de cerrarse, las dos puertas de cada oficina se abrieron al mismo tiempo. Paula levantó la cabeza. No supo para dónde mirar. Leo entró con paso seguro. Alto, esbelto, unos treinta y cinco años. Traje azul impecable. Pelo oscuro, apenas ondulado, desordenado de una forma perfecta. En la muñeca, un reloj plateado enorme, de una marca que ella no conocía. Se acercó con una sonrisa tranquila. —Hola. ¿Cuál es tu nombre? Paula se levantó, pero no pudo responder. —¿Trajiste un currículum? La voz de Michael la atravesó. Traje negro, camisa apenas abierta, barba marcada. Tatuajes en las manos y en el cuello. Un hombre impactante. Paula le alcanzó el papel arrugado. Michael lo tomó sin apartar la mirada. Ella quedó parada entre los dos. Ninguno se sentó. Se sentaron dejando mucho espacio entre ellos.—Antes de seguir —dijo Michael—, necesitamos saber si sabes quiénes somos.
Paula negó apenas con la cabeza. Leo habló entonces, con un tono más calmo. —Somos los socios fundadores de esta empresa. La dirigimos desde cero. Michael tomó la posta. —Si bien a veces estamos acá, vivimos arriba de un avión en países distintos cada semana.-tenemos familias- dijo Leo, yo estoy casado, Michael también y tiene dos hijos.
Paula levantó la vista confundida.
Leo siguió.
-Nuestras esposas tienen sus propias vidas. Sus rutinas. Sus lujos y espacios, en un momento viajaban con nosotros, pero ahora no.
-Cuando llegan los hijos las prioridades son otras - agregó Michael no pueden ni quieren.
Paula tragó saliva sin poder entender que estaba pasando.
-Necesitamos un cambio- Michael fue directo – Terminamos en distintas ciudades solos, siempre. No importa el éxito, el dinero o los hoteles al final del día no hay nadie.
Paula sintió un nudo en el estómago. —Probamos con psicólogos —dijo Leo—. No alcanza. —Necesitamos a alguien ahí —dijo Michael—. Presente. No encuentros intermitentes Paula se movió incómoda en su silla —¿Y qué tendría que hacer yo? —Acompañarnos —respondió Leo—. Estar. Viajar. Compartir.Paula frunció el ceño. -¿Una secretaria?
Michael negó – Tenemos secretarias.
- ¿Una asistente personal? - probó ella
Leo esbozó una sonrisa mínima.
-No exactamente.
El silencio se estiró. Paula respiró hondo
—¿Es sexual? —preguntó, sin rodeos. —No es obligatorio —dijo Leo. Michael sostuvo la mirada. —Si pasa algo, será porque los tres lo quieran. Le hablaron del sueldo. Del mismo nivel que una secretaria senior. De la tarjeta corporativa. De los hoteles. De los viajes cada quince días, alternándose. Era demasiado. Demasiado perfecto. Demasiado raro. Paula escuchaba, asentía, pero algo adentro suyo gritaba que nadie ofrecía tanto sin pedir algo a cambio. Aun así, no se levantó.-¿Por qué yo?
Michael y Leo se miraron. No fue una consulta, fue una confirmación.
-Porque es la primera vez – dijo Leo – que encontramos a alguien que nos llama la atención a ambos.
Paula sintió el impacto en el pecho.
-Los dos nos vimos atraídos y eso no pasa.
Nadie habló durante unos segundos
Leo retomó
-No buscamos a cualquier persona, buscamos a alguien que encaje.
—Pensalo —dijo Michael—. No necesitamos una respuesta ahora. Paula levantó la vista. Le estaban proponiendo viajar con ellos, acompañarlos en su mundo, entrar en su intimidad. A una persona que no conocen, con la que no habían hablado casi nada.Es raro
Demasiado raro.
—No —dijo—. Ya lo pensé. Los dos la miraron. —Acepto.






