Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl aire cambió.
Paula sintió vértigo. No miedo. Vértigo. Porque todo parecía un sueño demasiado bien armado. Dos hombres hermosos. Poderosos. Millonarios. Viajes por el mundo. Hoteles imposibles. Dinero. Silencio. Pensó en aeropuertos lejanos. En idiomas que no entendía. En ciudades donde nadie la conocía. Pensó en quedarse atrapada en un lugar sin saber cómo volver. ¿Y si era una trampa? ¿Y si era una jaula disfrazada de lujo? El pensamiento la atravesó como un frío súbito. Pero también pensó en su realidad. En el cansancio. En no tener nada que perder. No le estaban ofreciendo seguridad. Le estaban ofreciendo salida. —Bien —dijo Michael. Se dio vuelta y salió de la sala. Paula lo siguió con la mirada a través del vidrio. Lo vio entrar a su oficina. Sentarse frente a la computadora. Escribir. Imprimir. El sonido de la impresora rompió el silencio. Leo permaneció cerca. —Todavía estás a tiempo de irte —dijo. Paula negó. Michael volvió con tres copias del contrato. —Son iguales —dijo—. Una para cada uno. Las dejó sobre la mesa. Paula no leyó todo. Tomó la lapicera. Firmó la primera. Firmó la segunda. Firmó la tercera. Michael tomó una copia y Leo hizo lo mismo.-Espera acá que ahora van a venir de recursos humanos-
-¿Qué?
Leo sonrió relajado. Demasiado relajado para la situación.
-Para la empresa vas a figurar como secretaria, asistente ejecutiva, eso es lo que va a decir tu legajo. Eso es lo que se va a explicar.
Michael agregó - así justificamos que viajes con nosotros.
-Esto está muy organizado, no entiendo ¿ya lo hicieron antes?
-No dijo Michael. - Pero hace años que estamos pensando en hacerlo. Nos faltaba la persona correcta.
Los dos se fueron a sus oficinas. El blackout comenzó a abrirse, Paula sentía la mirada de las secretarias que esperaban ansiosas que ella salga y preguntarle absolutamente todo lo que estaba pasando.
Los minutos se hicieron eternos, hasta que aa puerta central se abrió. Entró un chico joven, prolijo con camisa celeste y una notebook en la mano.
-Hola Paula- dijo sonriendo - Soy Luis de RRHH. Se sentó frente a ella, abrió la computadora y giró la pantalla.
-La firma es digital. Es bastante simple.
Le explicó como validar su mail corporativo y mil aspectos distintos que debía tener en cuenta. Paula no entendía nada, pero asentía de forma automática. No preguntó nada porque no entendió casi nada de lo que estaba diciendo. El chico seguía hablando. Beneficios, viáticos, confidencialidad. Todo rápido, mecánico, profesional.
Cuando terminó, se levantó.
-cualquier cosa, me escribís - dijo - Ya tenes todo
Salió.
La sala quedó en silencio otra vez.
Paula bajo la vista a la pantalla
y ahí vio el calendario.
Lleno.
Ciudades, fechas, aviones, hoteles, reuniones. Semanas enteras marcadas con colores distintos. Sin espacios vacíos.
Su vida acababa de llenarse de golpe
Entonces, un sonido.
Un mensaje
El chat interno de la empresa se abrió en la pantalla
Avenida Alicia Moreau de Justo 1840 Hotel Faena Habitación 1107
AHORA.
Paula se quedó inmóvil unos segundos.
Volvió a leerlo.
Buscó la dirección en la computadora. Estaba a pocas cuadras. Dos. Un hotel que conocía de nombre, pero nunca se había imaginado entrar.
Cerró la notebook con cuidado.
Se levantó
Acomodó su vestido sin pensar demasiado.
Salió de la sala de reuniones sintiendo todas las miradas sobre ella. Caminó por el piso 25. Entró en el ascensor las puertas se cerraron.
Nadie la despidió
Nadie la presentó
Nadie la acompañó
Cuando el ascensor empezó a bajar, Paula apoyó la espalda contra la pared. No sabía exactamente a donde iba.
Pero estaba yendo.







