Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl edificio la tenía fascinada. Todo parecía nuevo, caro, lejano. Paula miraba alrededor intentando entenderlo. Pensó si todo el edificio era de la empresa o solo ese piso. Si realmente existía un lugar así para trabajar. Si alguien como ella tenía algo que hacer ahí adentro.
A medida que las chicas empezaron a pasar, una por una, empezó a preocuparse. ¿Debería saber algo de esta empresa? No. ¿Qué me van a preguntar? Es para limpiar. Me van a preguntar cuántas horas puedo estar y si puedo venir a la noche. Eso. Paula estaba cansada de dormir en el auto. Prefería pasar la noche trabajando en la oficina y, con algún sueldo, buscarse un cuarto para alquilar y poder dormir durante el día. Miró el currículum otra vez, aunque ya no leía nada. Sentía que seguía entrando gente. O tal vez era su cabeza. Todo parecía moverse demasiado rápido. Ay, Dios. Que me llamen. Necesito salir de esta. Paula estaba a punto de entrar. La puerta de la sala de entrevistas estaba ahí, a pocos pasos. Tenía el currículum en la mano, ya todo arrugado de tanto apretarlo. Lo soltaba y lo volvía a agarrar, como si pudiera ordenarlo así.Estaba nerviosa.
Miraba la puerta cuando sintió que alguien le tocaba el hombro, despacio. No un golpe. No un apuro. Apenas un roce. Se dio vuelta. Era una mujer muy bien vestida. Impecable. Pelo prolijo, postura recta, voz calma. —Disculpame —le dijo—. ¿Podés venir conmigo? Paula titubeó. —¿ir..? —Sí. Te requieren en el piso veinticinco. —¿A mí?. La mujer asintió, como si no hubiera ninguna duda. Paula miró hacia la sala de entrevistas. El entrevistador estaba hablando con otra persona, de espaldas, sin prestarle atención. Nadie parecía notar lo que estaba pasando. Nadie parecía esperar una explicación. No sabía qué hacer. Bueno. Vamos. Empezó a caminar detrás de la mujer. Pensaba: ¿Por qué voy a ir al piso veinticinco?, si todavía no tuve la entrevista. ¿Me harán limpiar ahí?.El ascensor la esperaba con las puertas abiertas. Paula entró sin preguntar nada más.
El piso 25 estaba en pleno funcionamiento. Pantallas encendidas, gente trabajando, voces bajas. Todo avanzaba con la precisión de algo que no podía detenerse.
Michael y Leo trabajaban cada uno en su enorme oficina vidriada, separados por la sala de reuniones del centro. Desde ahí podían verse sin obstáculos, sin necesidad de moverse. Michael tenía tres monitores abiertos. Leo también. Información, gráficos, mensajes que entraban y salían sin pausa. Ninguno parecía distraído. Ninguno parecía buscar nada fuera de lo que estaba haciendo. Hasta que Leo notó algo distinto. Se levantó de la silla y caminó hasta el ventanal. Miró hacia abajo, hacia la entrada del edificio. Había muchas personas entrando, en especial mujeres, un movimiento que no encajaba del todo. De repente la vio. Miro hacia su socio, apenas un segundo. Luego volvió a su escritorio. Le escribió a Michael por el chat de la empresa: Mira las cámaras. Se miraron a través del vidrio de la sala de reuniones. Apenas un segundo. Después, ambos volvieron a sus escritorios. Las cámaras del edificio ocuparon las pantallas. Pasillos. Ascensores. Planta baja. La imagen se detuvo en una fila larga. Mucha gente esperando. Movimiento. Murmullo. Michael recorrió la imagen con rapidez. Leo se inclinó un poco hacia adelante. Y ahí estaba. Una chica apoyada contra la pared. Hermosa. Quietita. Con un papel en la mano. Aislada del resto. Michael hizo una captura. Leo también. Las imágenes se cruzaron en el chat interno. Michael levantó la vista. Leo ya lo estaba mirando.—¿Esto está pasando? —escribió uno. No hubo más palabras.
Leo se levantó y salió de su oficina. Las cuatro secretarias levantaron la vista al unísono, sin saber qué estaba ocurriendo, solo sintiendo que algo había cambiado. Se detuvo frente al escritorio de una de ellas. —Pasá un segundo —dijo. La secretaria se levantó de inmediato y lo siguió. Dentro de la oficina, Leo amplió la imagen en la pantalla. —Esta chica —dijo—. Andá a buscarla. —¿Dónde está? —Abajo. Está esperando una entrevista en planta baja. No explicó nada más. —Tráela ahora, a la sala del centro. La secretaria asintió y salió rápido. Del otro lado del vidrio, Michael observó la escena sin moverse. No necesitaba escuchar. Ya sabía. El piso 25 siguió funcionando como siempre.Pero abajo, alguien estaba a punto de dejar de esperar.







