Capítulo 8. Maldivas II
A la mañana siguiente, Paula tardó unos segundos en moverse.Se quedó boca arriba, mirando el techo claro, escuchando el mar filtrarse por todos lados, con el cuerpo todavía sensible. No era una imagen puntual lo que le volvía, era la sensación. La piel despierta. El pulso más alto de lo normal. La certeza incómoda de que algo había pasado sin que nadie la hubiera tocado.Se dio vuelta despacio. Apoyó los pies en el piso frío. Se levantó con cuidado, como si un movimiento brusco pudiera delatarla. Eligió algo liviano, casi al azar, y mientras se vestía tuvo que detenerse un segundo, respirar hondo, despegarse de sí misma. De la noche. De lo que había sentido.Tengo que dejar de pensar tanto, se dijo.Nada pasó.Cuando salió al espacio central, lo vio.Leo estaba apoyado en la mesa, descalzo, con una taza de café entre las manos. La camisa abierta, arremangada, el pelo todavía un poco desordenado. Sonreía con esa calma suya que a ella ya empezaba a resultarle peligrosísima. Como si el
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