Él conducía. No me lo esperaba.
Este mes había conducido sola a todas partes: al autocine en la Ruta 9, al concierto bajo la lluvia, al parque de atracciones donde esperé dos horas y me fui con algodón de azúcar que no pedí. Me había acostumbrado tanto a tener el asiento delantero solo para mí que, cuando Ethan bajó las escaleras con su chaqueta puesta y las llaves en la mano, me detuve al pie de la escalera.
—¿Sabes dónde está? —pregunté.
—El Autocine Riverside. Ruta 9. —Abrió la puerta—. Lo b