De a poco, el rostro curioso y sonrojado de Ciabel, por no haber leído las últimas dos hojas del contrato probablemente más importante de su vida, fue mostrando sus expresiones estupefactas.
Entreabrió la boca y volvió a cerrarla. Se relamió los labios y negó con la cabeza.
—¿Estás hablando en serio, Logan? ¿O acaso es alguna clase de chiste terriblemente malo por el cual debo asesinarte?
El abogado parpadeó observándola.
—Estoy haciendo un gran esfuerzo por no reírme en este momento, pero no