Miedo. Miedo, mucho miedo. Horror. Frío. Dolor.
Esas eran las sensaciones que la atravesaron al estar otra vez en la cabeza de su yo adolescente. Al estar ahí, con la vista fija en el espejo, helada.
Cuando se abrió la puerta todo lo que pudo pensar era en correr. Excepto que, si lo hacía, todo sería diez veces peor al volver, ya fuera obligada por un policía o por su cuenta, puesto que muy lejos no llegaría sin un sustento económico que la ayudase.
Vio a su padre, alto, con una camisa desarr