—¿Que yo te debo algo? —repitió Philipp con una sonrisa filosa.
En menos de diez segundos ya estaban sus hombres alrededor suyo.
Respiró hondo y se relamió los labios.
—Por supuesto que lo haces. Después de todo, me has estado quitando mi dinero, a pesar de saber que es mi padre el principal deudor. Sin embargo, no te atreves a acercarte a él porque le tienes miedo.
—No vas a negar que no disfrutabas de los beneficios de ser millonaria antes. —Levantó una ceja.
Rio bajo y miró hacia el techo. S