La pelinegra se apartó despacio del cuerpo del contrario y se recostó boca arriba mirándolo. Todo pasó tan rápido que a esa sensación arrolladora ni siquiera pudo procesar del todo. Sonrió con lentitud.
—Eso... —Cerró los ojos estirándose.
Damián tomó aire. Se acomodó la ropa y fue directamente hacia el baño. Volvió con papel y se encargó de limpiar el desastre que había entre las piernas de Ciabel.
La aludida rio al sentirlo.
Al terminar, lanzó los papeles al bote de basura y se tiró a su l