Tras ver a Ciabel retirarse, el abogado cerró las puertas de la cocina y volvió a ver a su mejor amigo, quien se mantuvo concentrado en la salsa y la probó con calma.
—Ya sé lo que vas a decirme —se adelantó.
—¿Sí? —dijo irónico yendo hacia él.
—Fue un desliz.
—¿Un desliz? ¿Crees que lo que pasa con Ciabel se reduce a un desliz? —habló molesto.
Suspiró y miró hacia el techo.
—¿Qué esperabas que hiciera? La extrañaba tanto como ella a mí.
Dio una carcajada cargada de amargura.
—Eres tan imbécil.