—Mateo, me tengo que ir.
Posa sus ojos sobre el tipo de la moto y luego regresa su vista a mí, es obvio que está enojado y no le culpo, pero mantiene una expresión tranquila y me dedica una pequeña sonrisa, se acerca a mí y toma con delicadeza mi mano derecha, luego deposita un beso sobre el dorso.
—Está bien, te veré mañana en la universidad... cuidate.
Mis mejillas deben de estar rojas por este gesto tan caballeroso y amable, luego me giro hacia Derek y me despido de él, a diferencia de su he