Un pequeño jadeo de sorpresa se me escapa cuando veo el enorme lugar, todo es tal lujoso y bien decorado, las mesas tienen bellos manteles de color blanco y hermosos centros de mesa, un enorme candelabro cuelga del techo y la música clásica en vivo es el toque ideal para el lugar. Mateo me ofrece su brazo de forma caballerosa y empezamos a seguir al recepcionista, de momentos lo miro de reojo. Debo admitir que él se ve bastante atractivo de traje y que todavía conserve puestas sus perforaciones