Mi teléfono vibra, lo saco de mi bolsillo, pero no logro entender quién me está llamando, seguramente debe ser mi madre, por el resto del día decido apagar mi teléfono, no quiero hablar con nadie y muy seguramente el señor Baker no va a llamarme hoy, no después del chasco que se ha llevado.
De tanto llorar me he quedado dormida, me duele el abdomen de tanto llorar y el estómago también, no he comido nada en todo el día, tampoco es que tenga mucha hambre. Mi respiración se va relajando poco a po