—¡No me importa lo que digan!— Las lágrimas giraban frenéticamente en los ojos de Mariano. Dijo con voz entrecortada:
—No te volveré a soltar Simona, ¡no permitiré que desaparezcas otra vez!
Esa sensación de tener el corazón excavado y vacío, ahora había sido llenada. No quería volver a experimentar esa terrible sensación de vacío que lo volvía loco.
Simona respiró hondo y continuó calmándolo con paciencia:
—Suéltame, sentémonos y hablemos bien.
Mariano de inmediato la contradijo:
—¡No te sol